lunes, 2 de abril de 2012

El Eternauta

lunes, 2 de abril de 2012 0




Recién sacado de la maquina del tiempo les traje una de las primeros problemas filosoficos que realmente me dejo completamente incapaz de formular cualquier posible respuesta. Se trata de la paradoja de la teletransportación. La idea de la teletransportación es que en un lugar del espacio un objeto es escaneado o analizado en toda su composición hasta el nivel atomico, ese objeto es desintegrado y con esa información es inmediatamente reconstruido en otro punto del espacio. De esa manera se podrían transportar objetos de un lugar a otro del espacio de manera instantanea o por lo menos a la velocidad de la luz.

La paradoja es, si yo fuera teletransportado, aún cuando fuera rearmado a partir de los mismos atomos ¿sería la misma persona? ¿iba a ser la misma consciencia o iba a ser una consciencia nueva la que ocupe mi lugar, aún bajo la completa convicción de que es la misma consciencia que la mía?
¿y si el "original" no fuera destruido y reconstruido sino simplemente copiado?¿Y si el original efectivamente fuera destruido pero reconstruido por duplicado? ¿Cual de todos los resultantes sería el legitimo heredero de mi identidad, de mi consciencia?

Durante mucho tiempo me dejé engañar por la ilusión de continuidad. Pensaba que en el momento en que nuestros atomos eran separados moriamos, y que la reconstrucción, aún cuando se haga de nuestros mismos componentes fisicos, no iba a ser mas que una imitación de lo que fuimos. Que con la destrucción de mi cuerpo se destruía mi consciencia y que cualquier cosa que se reconstruya en el mejor de los casos no iba a ser mas que una imitación, aunque perfecta, de mí mismo.
Creí que la identidad de mi consciencia estaba dada no por su contenido (que podía imitarse) sino por su continuidad. Que la posibilidad de reconstruir cada instante de mi pasado era lo unico que evidenciaba mi autentico origen. Eso fue hasta que me empecé a dar cuenta de la imposibilidad de reconstruir cada instante de mi pasado. Hasta que abrí los ojos despues de uno de mis viajes en el tiempo y me dí cuenta que habían baches enteros de mi vida que me había salteado.

Mil veces me plantee la posibilidad de haber sido creado hace solo un instante y de tener todos mis recuerdos, constitutivos de toda mi vida e identidad, implantados artificialmente. Hoy me doy cuenta que, aún si mi existencia física es siempre la misma (talvez), mi consciencia de mi mismo no lo es. Que el tiempo no es mas que un presente constante y la identidad no es más que una narrativa inyectada en mi consciencia a cada instante como la memoria de una computadora, actualizando su display cada ciclo reloj. Nazco a cada instante y tomo la posta donde la dejó el ultimo yo.

Cuando era chico y estaba en un momento que quería que se termine lo mas pronto posible aprendí mi técnica para viajar en el tiempo. Trataba de abrir los ojos y los sentidos y mirar cada detalle de mi entorno, concentrarme en ese instante y de retenerlo con la mayor exactitud posible, de sufrirlo en toda su gravedad y pensar: "en un instante voy a abrir los ojos y esto va a ser un recuerdo lejano. "

Abrí los ojos hace un instante y los años pasaron y la mayoría de esos instantes se transformaron en momentos lejanos. La nitidez de sus contornos hace a esos momentos parecer tan cercanos que, en contraste, la consciencia del verdadero transcurso del tiempo es escalofriante. Porque más terrible que lo malo de ese momento sufrido es darme cuenta que eso, que en un momento fue algo tan cercano, en un instante tan breve puede pasar a ser un recuerdo. Y que quizás la próxima vez que abra los ojos me encuentre en mi lecho de muerte, recordando esto como un recuerdo más de mi lejana juventud.
Es igualmente aterrador pensar cada hora como una eternidad que pensar que la suma de eternidades puede terminar en un instante.

Creo que todos tendemos a entender en lineas generales al paso del tiempo como una linea continua, construimos una narrativa que nos permite reconstruir nuestra identidad presente. Una identidad que nos da seguridad en nuestros pasos, una receta para sufrir lo menos posible. Un mapa que le da a nuestra existencia una dirección, un camino, una misión y nos impide perdernos en un mar de instantes.

Es por eso que la depresión, que no es boluda, siempre empieza por quitarnos eso que mas necesitamos. La depresión nos quita el tiempo, el pasado y el futuro y con ello nos priva de nuestra identidad, nuestra narrativa, nuestro mapa y receta y de cualquier sensación de seguridad acerca de cualquier cosa.
La vida se transforma en un presente continuo en que nos encontramos constantemente despertando al mundo, desnudos y con un manual de instrucciones escrito por otro, una identidad terrible que sentimos que no nos pertenece pero a la que obedecemos con miedo.
Solo descubrimos el paso del tiempo cuando lo detenemos y salimos de el, y con el abandonamos nuestra identidad, nuestros condicionamientos, nuestro pasado y nuestro futuro por un instante. La visión es aterradora, pero enfrentarla es el unico modo que tenemos de llegar a ser libres.


 
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