domingo, 17 de abril de 2011

Pequeño brote de asombro y éxtasis frente a la maravilla que es la existencia. Pensamientos de un sábado a las 3 de la mañana...

domingo, 17 de abril de 2011 0

Somos el simple producto del ambiente y la evolución. ¿Qué cuánto tardó? Miles de millones de más millones de años. Mucho más de lo que le tomaría diseñarla a un ser todopoderoso y omnisciente.

La capacidad humana sin embargo es mayor.

La cultura humana implicó un salto que desde el punto de vista biológico y genético es prácticamente insignificante (somos genéticamente casi iguales a un chimpancé).

Una pequeña variación insignificante a nivel molecular, representó un salto cualitativo enorme en el modo en que nuestra especie se relaciona con su ambiente y representó la diferencia entre rascarnos el culo con una rama y construir el colisionador de hadrones (Lo digo con el más profundo respeto a mis hermanos, humanos y simios, que disfrutan rascarse el culo con una rama)

Y esa diferencia, es nada menos que la capacidad de mediar nuestra relación con el ambiente, de utilizar herramientas. Tanto herramientas físicas (el fuego, la rueda, la agricultura) como abstractas (el lenguaje, la escritura, la lógica, las matemáticas). Una capacidad de abstracción ligeramente mayor que nos hace capaces de relacionarnos con la realidad utilizando prótesis materiales y culturales.

Y eso da lugar a un nuevo tipo de evolución, la evolución cultural. Una idea es como un ser vivo, en el sentido de que se reproduce (a medida que pasa de persona a persona). Tiene una genética, un corazón conceptual que por un lado se mantiene y por el otro muta cada vez que pasa de una persona a la otra. Si yo te paso un mensaje, vos lo vas a captar, pero seguro un poquito diferente. Ese es el conocido fenómeno del teléfono descompuesto.

Pero esa diferencia, esa mutación en tu modo de captarlo, no necesariamente debe ser negativa. Puede perfectamente ser positiva. Puede contribuir a completar la idea, a hacerla más flexible, adaptable y a transformarla en algo mas útil. Entonces, a medida que se pasan las ideas, al igual que se reproducen los seres vivos, las variedades negativas, aquellas que no son aceptadas por quienes la reciben, aquellas más primitivas, menos útiles, mas distorsionadas, mueren y no se reproducen, mientras que las mutaciones útiles en las ideas contribuyen a que la misma se esparza como una enfermedad. La cultura evoluciona.

Por otro lado, sin irnos tan lejos, el hecho de que seamos seres individuales y sociales al mismo tiempo (las hormigas son sociales, pero no tienen individualidad) constituye una enorme ventaja, ya que nos permite procesar e introducir mutaciones en cada una de nuestras ideas a partir de las ideas que se nos transmitieron culturalmente y luego compartirlas y que las más valiosas se reproduzcan y contribuyan al desarrollo de la humanidad.

Las especies biológicas tienen una tendencia a conservar la estructura que le es funcional, al mismo tiempo que una tendencia opuesta a innovar, a mutar, a sufrir cambios, tirando en direcciones opuestas en el fino equilibrio que permite la evolución. De igual modo la estructura psíquica de los seres humanos lidia con esas mismas tendencias.

Esa distinción entre nuestros aspectos individuales y aspectos sociales, es la que el psicoanálisis comprende como la distinción entre el ello (el yo primitivo, impulsivo, egoísta, que solo busca saciar sus apetitos más básicos) y el superyó (el yo social, moralmente adecuado, altruista, con modales y buenas costumbres). Es a la vez una distinción que hace a la base de la evolución cultural que comparte esa tensión entre tendencias innovadoras y conservadoras con la evolución biológica.

Es interesante notar también que a nivel macroscópico, esas tendencias se manifiestan en la política (aunque también en muchas otras áreas de la vida humana) en la forma de las ideologías conocidas como de derecha (conservadoras) o de izquierda (revolucionarias). Y no por accidente las ideologías conservadoras son más propias de los más favorecidos por la estructura social mientras que la tendencia al cambio tira más fuerte entre los menos favorecidos. De igual modo ocurre en la naturaleza con aquellas especies que habiendo encontrado una forma que les funciona en un ambiente relativamente estable, mantienen su estructura a lo largo de muchísimo tiempo (hormigas, cucarachas, cocodrilos, medusas, estrellas de mar y otros bichos rastreros). Mientras que en otras en las que el equilibrio con el ambiente es más frágil los cambios adaptativos son mucho más abruptos y visibles como es el caso del ser humano (o de algunos seres humanos al menos). La necesidad de innovar nos mantiene cambiando, la comodidad nos achancha y nos deja indefensos frente a cualquier cambio abrupto de las circunstancias.

En relación a esto, despues de ver la peli "Kingdom of Heaven" me quedé un rato pensando en la causa de que Jerusalén y en general tierra santa sea tan ambicionada por las religiones más grandes y poderosas. Si bien la respuesta a esa pregunta es simple: Porque en ella todas tuvieron sus orígenes. Esa respuesta es aburrida y realmente no responde nada, pero genera una nueva pregunta, mucho más interesante.

¿Por qué todas las religiones grandes y poderosas tuvieron su origen en un mismo lugar?

Pensando en esto, y en su relación con la evolución, cultural y biológica se me dio por pensar que en determinados lugares del ecosistema biológico, ocurre exactamente lo mismo, los animales más grandes, hostiles y especializados se originaron en unos pocos lugares del planeta. Son aquellos lugares que comparten la característica de ser abundantes en recursos… selvas y pantanos. La vida lógicamente florece en esos lugares y la competencia va curtiendo a las especies.

La selección natural en esos ambientes responde a criterios mucho más estrictos y por ende la adaptación y el cambio adaptativo es mucho más extremo, al punto en que si tomas un depredador de la selva: un león, un puma o incluso un hipopótamo y lo juntas con un depredador de un ambiente moderado como puede ser un gato montés o un coyote, los primeros se devoran a los segundos de un solo bocado. Y lo mismo ocurre con las especies culturales. Jerusalén resultó ser en su momento uno de los puntos de intercambio (competencia) y recursos culturales, más intensos del mundo antiguo. Conectaba por tierra a Europa, África, Oriente y medio oriente, y era la principal salida al mediterráneo para toda la gente y los recursos (materiales y culturales) llegados del continente asiático. No es de sorprender entonces que tal hábitat haya producido a estos monstruos culturales que son las grandes religiones.

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La inteligencia es esencialmente la capacidad de percibir patrones, con lo que de algún modo, en un universo analógico, lo que hacemos es digitalizar la información. Somos como un programa de compresión de datos (como un .Zip o .Rar) que busca patrones comunes repetidos en un código para almacenar ese fragmento una sola vez, junto con la información del número de repeticiones y la ubicación de las mismas para ahorrar espacio y hacer a esa información manejable, y a la hora de descomprimirlo devolver ese código a todas sus ubicaciones originales.

Nosotros vemos muchos árboles y son todos diferentes, sin embargo, reconocemos elementos comunes que nos permiten elaborar una idea de árbol, atribuirle a ese fragmento de información repetida un lugar común en nuestra estructura psíquica. Una idea, que solo existe porque es útil. Y luego cada vez que vemos un árbol no necesitamos detenernos a analizar sus particularidades como si fuese un objeto completamente nuevo, aun cuando nunca hayamos visto ese árbol en particular antes.

Esa capacidad de reconocer patrones acelera la evolución ya que si dependiésemos solo del mecanismo de prueba y error natural, un grupo de gente en una caverna cuya salida esta tapada por una piedra, debería sobrevivir millones de generaciones ahí adentro. Reproduciendo y mutando, unos muriendo, unos viviendo, hasta desarrollar una extremidad capaz de remover piedras. En lugar de eso, la inteligencia, al reconocer patrones de la experiencia y almacenarlos para futuros usos, nos permite no depender enteramente del mecanismo de prueba y error y simplemente construir una palanca para remover la piedra. Eso es producto de esa adaptación evolutiva biológica que es la inteligencia, que surgió porque favorece nuestra adaptación a los cambios del medio ambiente con una velocidad y eficiencia con la que la selección natural no consigue hacerlo.

En un fragmento de una generación podemos resolver problemas que a la selección natural le llevaría miles de generaciones.

Tanto es así que al ritmo que vamos en unos pocos años más vamos a poder construir de la nada, a partir de materia inerte, células vivas. Trabajo que a la naturaleza le llevó miles de millones de años.

Si la vida fue creada por un ser inteligente, no era omnisciente ni todopoderoso y evidentemente ni siquiera era tan inteligente ya que le llevó billones de años generar cosas que el homo erectus ya está replicando en un laboratorio a menos de 100 mil años de habernos diferenciado de otros monos y a menos de 6000 años de haber descubierto la escritura...

Cosas como el punto ciego del ojo, no se pueden explicar con un diseñador inteligente. Ningún diseñador sería tan inepto de poner el cable de una cámara tapando la retina de la misma. La evolución en cambio ese fenómeno (que no ocurre con otros animales como pulpos o insectos) puede explicarlo perfectamente.

La evolución no es un proceso guiado inteligentemente sino el resultado de prueba y error que mantuvo lo que funcionaba sin la capacidad de retroceder en sus pasos para corregir los errores que quedaron en el camino. Un ojo parcialmente tapado por el nervio óptico, es mejor que ningún ojo. La evolución del hombre, cuando se topó con un ojo deficiente (que era mejor que ningún ojo) siguió trabajando sobre esas bases, estructuralmente deficientes, sin volver atrás para corregirse, como haría un ser inteligente. La evolución construye sobre lo que tiene, no puede borrar y corregirse si tiene una idea mejor, porque la evolución no tiene ideas. Son simples mutaciones, algunas funcionan y se reproducen y permanecen, otras no funcionan y perecen.

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Las hormigas levantan 50 veces su propio peso porque les sirve poder hacerlo, el hombre no necesita levantar 50 veces su propio peso. Ningún ser es más ni menos perfecto que otros

Cada ser funciona como funciona, mientras funciona y hasta que deja de funcionar.

Y cuando deja de funcionar, desaparece dejando solo unos pocos huesos fósiles como evidencia negadora de que solo porque lo que quedó, por ahora, funciona, debió haber sido dispuesto de ese modo por alguna inteligencia.

No es ninguna sorpresa entonces mirar el universo y descubrir que todo funciona, ya que solo lo que funciona puede mantenerse. Es sentido común, no se necesita una inteligencia divina que lo haya planificado, y si lo planificó, la verdad, le salió como el orto. Si la inteligencia divina hubiese querido por ejemplo, que las cebras no sean devoradas, en lugar de darles camuflaje y la capacidad de correr rápidamente, no hubiera diseñado depredadores. La evolución en cambio no tiene esos problemas para explicar el modo en que son las cosas.

Entender el orden en el universo, a grandes rasgos, es simple y no necesita de inteligencia. Las cosas simplemente cambian, las que no funcionan, no funcionan y por ende desaparecen. Las cosas que funcionan son las que se mantienen y las que se mantienen son las que funcionan, reproduciendo su existencia ciclicamente, como hace cualquier ser vivo, como hacen los planetas, estrellas y galaxias girando en orbita unos respecto de otros. Las cosas siguen cambiando y el proceso se repite. Y las características de las cosas y seres que funcionan se van acumulando cada vez más, con lo que el orden es cada vez mayor.

Lo que funciona se acopla a lo que funciona, y lo que no funciona, vaga errante hasta encontrar un modo de funcionar. Las nuevas cosas simples que funcionan se acumulan sobre las viejas cosas simples que funcionan, y de la suma funcional de funcionamientos simples emergen funcionamientos complejos.

Todas esas cosas que consideramos tan maravillosas, y que realmente lo son, en un universo con estas características (o cualquier otra) son inminentes por la acumulación de lo que funciona, hasta que cosas como las hormigas, el hombre, su estructura social y la tecnología pueden ocurrir y cosas más complejas y asombrosas también. Es solo una cuestión de tiempo, y nuestro universo es bastante viejo ya.

Donde hay leyes hay orden, sin importar cuales sean esas leyes. El universo tiene estas leyes. Pero no nos engañemos, si hubiera tenido leyes distintas, el orden hubiera ocurrido igual, solo que diferente y tal vez con características aún más maravillosas.

Nuestro universo no presenta ninguna característica que indique premeditación. Todo el orden que conocemos, como muestra la ciencia, es la acumulación de cosas que fueron funcionando, y también una acumulación de errores. Errores funcionales, pero errores que en un diseño premeditado no deberían haber ocurrido (como el punto ciego, los dientes que tenemos de más, el apendice, el hipo, los escalofríos, los mosquitos y otras características que son residuales de la época en la que talvez fueron útiles aunque ya no lo sean).

Lo mismo ocurre con el universo, nuestra galaxia es como un barquito girando en torno a un vórtice gigante, un agujero negro que eventualmente nos va a terminar tragando. Eso no puede ser producto de un diseñador inteligente que realmente vela por nuestra seguridad y garantiza nuestra supervivencia. Tiene que ser simplemente producto de un accidente cósmico inminente en el que durante el breve tiempo que a escalas cosmológicas tenemos, tuvimos una pequeña brecha en la que se dieron las chances de nuestra existencia. El universo es como un auto cayendo por un barranco y nuestra existencia es como el instante ese que, por breve que sea, es suficiente para ver nuestra vida entera pasar frente a nuestros ojos, solo que esta vida es la vida de toda una especie.

Y así como nos ocurre a nosotros, probablemente haya ocurrido en miles de millones de otros planetas demasiado lejanos como para encontrarlos.

Durante breves periodos de tiempo (y por breves me refiero a billones de años, cosa que a escalas cosmológicas es poco) se dieron las condiciones para que haya vida y luego esas condiciones cesaron, y lo mismo va a ocurrir con nosotros.

Con suficiente espacio y tiempo, todo es posible. Y como ocurre cada vez que alguien se gana la lotería, no podemos entender que nos haya pasado a nosotros y por ende inventamos formas de justificar nuestra suerte como producto de alguna característica especial que nos es propia. Alguna benevolencia sobrenatural que eligió hacer de nosotros, que somos tan buenos, hermosos y especiales, el centro de su atención y esfuerzo.

Pero la verdadera pregunta no es ¿porque a nosotros? Sino: ¿Nos estaríamos haciendo estas preguntas si no hubiéramos sido nosotros?¿Cuantas otras especies tanto o más maravillosas que la nuestra pudieron haber existido pero no lo hicieron solo por azar, porque no se dieron las condiciones (o por obra del caprichoso designio divino)? y ¿acaso todas las especies inteligentes que existieron, existen y existirán, en este u otros universos, no tienen razones para hacerse la misma pregunta?Cada uno de nosotros feos, tontos y aburridos como somos, somos el espermatozoide ganador entre varios millones de otros que no llegaron al ovulo. Lógicamente es natural asombrarse con ello, y hasta atribuírselo a alguna divinidad o hasta al mérito propio. Pero pensemos que si hubiera sido cualquier otro el espermatozoide ganador, esa persona resultante estaría igualmente sorprendida.

Nuestra existencia en esta tierra es una fiesta de ganadores en el juego de la supervivencia, y estúpidamente nos preguntamos que causa mística es la que favoreció este extraordinario encuentro de ganadores. La respuesta, sin embargo, no tiene nada de místico: Lo que favoreció esta coincidencia de ganadores, es que los perdedores están muertos…

Engordarnos con autoelogios y creernos los elegidos de nuestro creador, es como creer que dios existe y es bueno solo porque estamos vivos en un accidente en el que miles murieron cruel y dolorosamente, es propio de una soberbia enorme. Tenemos que estar felices por nuestra existencia lógicamente. Apreciarla y ser humildes y no creernos ni lo mejor ni lo peor que el infinito tiempo puede producir.

Y con esto no trato de transmitir una filosofía de la amargura, el sinsentido y la desesperación. Todo lo contrario. El universo es maravilloso en toda su indiferente e indiscriminada repartija de crueldad, violencia, abundancia y benevolencia. Es lógico que sea así ya que el universo no es inteligente ni estupido, ni benevolente ni cruel (y al mismo tiempo es todas esas cosas). El universo es lo que es, la mas grande y emocionante telenovela, en la que los buenos y malos no existen, solo objetos y sujetos buscando la forma de funcionar en su ambiente.Y siendo como es, es maravilloso lo magnifico, enorme, sofisticado y a la vez inminente e inevitable de las cosas, así como lo absurdo e injustificado de la existencia de algo en primer lugar.

Lógicamente hay gente que no tiene ganas de pensar mas que lo minimamente necesario ni tiene la humildad para reconocer el insignificante, y valioso al mismo tiempo, lugar que ocupamos en el universo y por eso prefieren inventar explicaciones más fáciles para su existencia. Yo creo que el universo, así como es, es hermoso y merece dedicarle al menos un poquito de tiempo para estudiarlo mejor y no escapar inventando respuestas simplistas. Aún frente al ineludible conocimiento de que aun cuando lo hayamos abarcado todo, no vamos a habernos ni siquiera asomado a la infinitésima parte de una fracción de lo que queda por descubrir ya que no importa cuanto caminemos nos encontramos siempre en el centro del circulo descripto por nuestros propios horizontes. Pero lo hermoso de caminar es la oportunidad de ver esos horizontes transformarse...

miércoles, 13 de abril de 2011

Hipotesis para explicar la ley de Ludwig, Sucesión de Fibonacci en los petalos de las flores... By Manu

miércoles, 13 de abril de 2011 18


La sucesion de Fibonacci es una sucesión matematica en la que cada numero es el resultado de sumar los dos anteriores en una sucesión como esta: 1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144, etc

Esta sucesión se encuentra repetida en multiples ejemplos en la naturaleza y de ella se deduce el supuesto numero aureo, o numero divino que algunos interpretan como sello de autoría divino y demostración de la existencia de un diseñador inteligente.

Uno de esos ejemplos es la conocida en botanica como "Ley de Ludwig" que apunta al hecho curioso de que la mayoría de las flores tienen un numero de petalos que coincide con un numero de la sucesión de Fibonacci. La cala, por ejemplo, tiene un solo petalo, la euphorbia tiene dos, el lirio 3, la jara 5. Con mayor numero de petalos, flores como las margaritas y girasoles pueden tener 13, 21, 34, 89 petalos...

Con la intención de refutar la supuesta necesidad de un diseñador inteligente para explicar este tipo de fenomenos, elaboré una hipotesis muy primitiva de como sería posible que esto ocurra. No soy botanico ni experto en flores ni nada parecido, solamente alguien con mucho tiempo libre para pensar en estas cosas, y no pretendo que se tome esta hipotesis mas que como un ejemplo hipotetico de como sería posible que por medios completamente naturales ocurran este tipo de fenomenos.

Todos observamos una capullo de rosa alguna vez y notamos que en principio hay un petalo grande que cubre a los demás, y que a medida que el numero de petalos aumenta, la rosa se va abriendo capa por capa rebelando los demás petalos en su interior. Parece ser que cada petalo alberga un petalo ligeramente mas chico en su interior, que a su vez alberga otros mas chicos en una disposición espiralada de petalos de tamaño decreciente a medida que nos acercamos hacia el centro.

Supongamos entonces que en un primer día, un petalo comienza a gestarse, en un segundo día alcanza su madurez y recien a partir del tercer día empieza a gestar en su interior un nuevo petalo por día, y cada uno de esos nuevos petalos a su vez va repitiendo el mismo proceso a medida que la flor se abre.

Tendríamos entonces en un primer día un petalo comenzando a gestarse. En el segundo seguiríamos teniendo un solo petalo alcanzando su maduración y en el tercer día tenemos a ese petalo ya comenzando la gestación de un segundo petalo. Al cuarto día, el primer petalo comenzó a gestar un tercer petalo mientras que el segundo alcanza su maduración.

Me tomé el trabajo de representar esta idea en paint y lo que obtuve fue lo siguiente:

http://img814.imageshack.us/img814/2968/petalosdefibonacci.jpg

Si continuasen el grafico seguirían observando la misma secuencia.

Como vemos, a medida que pasan los días, el numero de petalos aumenta, reproduciendose siempre a un ritmo que respeta la sucesión de Fibonacci. Dependiendo de que flor se trate, el numero de petalos alcanzado va a ser mayor o menor, pero mientras este proceso ocurra la ley de Ludwig se seguiría cumpliendo.

Esto no es una hipotesis cientifica seria obviamente. Como ya dije, no soy botanico ni nada parecido, la idea de mostrar esto no es mas que demostrar que es posible que por medios completamente naturales emerjan formas que cumplan con ciertas propiedades matematicas sorprendentes.

El universo es un lugar ordenado y la evolución, inspirada por el orden del universo en que ocurre, nos dió a nosotros la capacidad de pensar y crear estructuras ordenadas. El orden hizo a la inteligencia, la inteligencia no hace al orden...

Un universo maravillosamente ordenado y armonico no necesita de una inteligencia diseñadora para existir y la necesidad existencia de tal inteligencia implicaría negar y limitar la maravillosa expansión del orden y la armonía natural en el universo.

domingo, 3 de abril de 2011

18 oraciones de René Magritte

domingo, 3 de abril de 2011 0

"La condición humana"

• Ningún objeto se halla tan ligado a su nombre como para no encontrar uno que le convenga mejor.

• Hay objetos que pueden prescindir de su nombre.

• A veces, una palabra no sirve más que para designarse a sí misma.

• Un objeto entra en contacto con su representación, un objeto entra en contacto con su nombre. A veces un objeto y su nombre se encuentran.

• A veces, el nombre de un objeto aparece en lugar de su representación.

• En la realidad, una palabra puede ocupar el lugar de un objeto.

• En una frase, una imagen puede sustituir a una palabra.

• Un objeto nos sugiere que existen otros detrás de él.

• Todo parece indicar que apenas existe una relación entre el objeto y aquella que la representa.

• Las palabras que designan dos objetos diferentes no dicen nada sobre aquello que los distingue.

• En un cuadro, las palabras tienen la misma fuerza que las formas.

• Las imágenes y las palabras se perciben de manera distinta dentro de un cuadro.

• Cualquier forma puede sustituir la representación de un objeto.

• Un objeto jamás produce el mismo efecto que su nombre o su representación.

• Los contornos visibles de los objetos, en la realidad, se tocan como si formaran un mosaico.

• El significado de las figuras no identificables es tan importante como el de las bien definidas.

• En un cuadro, los nombres designan a veces cosas precisas, y las imágenes, cosas imprecisas.

• Otras veces sucede lo contrario.

René MAGRITE.
 
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