martes, 16 de febrero de 2010

Entropismo: primera parte -Todo poder es legitimo

martes, 16 de febrero de 2010
Empecemos por preguntarnos: ¿Que es el poder?
La mejor respuesta que pude encontrar a esa pregunta es: Poder es la capacidad de realización de una voluntad.
Todos los individuos ejercemos una fuerza sobre la realidad, esa fuerza que ejercemos sobre la realidad es asistida o resistida por otras fuerzas con las que interactúa. La fuerza es fuerza política, orientada a organizar la sociedad en función de intereses que pueden ser privados o colectivos. Y el modo en que una fuerza política crece es cuando se vuelve colectiva y consigue alinear en torno a su voluntad colectiva las fuerzas físicas de todos los individuos que la consienten.
El poder entonces, es la capacidad de una voluntad de realizarse, dentro de un determinado entorno social, contra todas las demás voluntades. El poder está encarnado por la más fuerte de las voluntades colectivas.
La fuerza de la que se sirven las voluntades políticas es la fuerza física. Esta fuerza física se manifiesta en los dos principales ámbitos del poder (que como ya veremos no son dos sino en realidad uno solo). Se manifiesta en la forma de violencia física al servicio del mantenimiento de un orden político, y en forma de trabajo al servicio del mantenimiento de un orden económico. La fuerza humana es la autentica esencia del poder, el verdadero capital. Las herramientas pueden potenciar la fuerza humana como lo hacen las armas en el ámbito de la política y las maquinarias en el ámbito de lo económico, pero el uso, mantenimiento y finalidad de esas maquinarias y de todo el sistema de poder radica en el encauzamiento de la fuerza humana hacia la satisfacción de una voluntad de poder y el mantenimiento de los mecanismos de control del poder en esa sociedad.
A esto que digo de que el poder radica exclusivamente en el encauzamiento de la fuerza humana, de la fuerza física, hay una objeción muy popular que me voy a adelantar a responder. La objeción a la que me refiero es la de quien sostiene que el ingenio, inteligencia, técnica y conocimiento (todo esto desarrollado a travez de la educación) de una persona constituye una fuerza tanto o mas grande que la fuerza física que esa persona pueda ejercer, y que esto se refleja en el hecho de que las personas mas poderosas del mundo no lo son por la fuerza física que puedan tener sino por la habilidad que demostraron tener a un nivel táctico, estratégico o intelectual para alcanzar esas posiciones.
En primer lugar a esa objeción tengo que responder que no es necesariamente cierto que la educación sea la que conduzca el poder ya que también es cierto que quienes ejercen el poder educan a quienes están destinados a heredarlo para poder así mantenerlo.
En segundo lugar tengo que aclarar que cuando excluyo a las cualidades intelectuales de las personas como fundamento del poder, lo hago en virtud de la diferenciación conceptual entre la idea de poder y la idea de dominación, tal como las establece el sociólogo Max Weber.
Dentro de este sistema de pensamiento se define al poder como la probabilidad de imponerse de una voluntad dentro de una relación social, aún contra cualquier resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa probabilidad. Por otro lado se define a la dominación como la probabilidad de una voluntad de encontrar obediencia o sumisión voluntaria, por parte de las demás personas. Así es que hablamos de poder en una relación social, cuando una voluntad puede lograr acatamiento con o sin el consentimiento de las demás partes. Mientras que cuando el acatamiento solo se logra de modo voluntario, hablamos de dominación. Vale la pena aclarar que la dominación no siempre está orientada a lograr el consentimiento activo, sino que también entra dentro de esta categoría el consentimiento pasivo, como el que puede existir cuando el que obedece lo hace por miedo o indiferencia.
Entonces resulta que el poder es tal cuando se impone aún contra la voluntad de las partes mientras que el dominio se impone solo cuando se logra el consentimiento de las partes con la voluntad dominante. Se puede observar que las ventajas que la inteligencia puede tener para un líder a la hora de alinear voluntades, resultan decisivas tanto en el ejercicio de la dominación como en el ejercicio del poder, pero no constituyen el criterio por el cual se establece la diferencia entre ambas. El criterio que hace la diferencia radica en la disponibilidad de fuerzas físicas suficientes para imponerse mediante la violencia.
Para entender esto en más profundidad es necesario explicar que la dominación por parte de una voluntad requiere de inteligencia aplicada a favor de la misma y que para que exista poder es necesario que exista dominación.
El poder se impone siempre con el consentimiento de una mayoría dominada y se ejerce contra una minoría, que es reprimida violentamente haciendo uso de la fuerza física encauzada por medio de la dominación.
Es por eso que si bien la inteligencia aplicada es necesaria tanto para establecer relaciones de dominación como para, a partir de las relaciones de dominación, establecer relaciones de poder; la diferencia entre las relaciones de dominación y las relaciones de poder no radica en la inteligencia, que es necesaria en los dos tipos de relaciones sociales, sino que radica en el encauzamiento de la dominación hacia la represión física de las fuerzas políticas minoritarias.
En todo sistema social, el poder como mecanismo de control, cumple entonces un rol subsidiario respecto del rol que ocupa la dominación. La dominación de las masas es el verdadero mecanismo de control de las sociedades y el papel del poder solo aparenta ser más importante por ser el más evidente. Es el que se ejerce contra las minorías políticas mas radicales y contra personajes marginales cuyos comportamientos encuadran con lo que en esa sociedad es considerado seriamente patológico y son por ende juzgados, de acuerdo con los criterios establecidos en esa sociedad, como locos y criminales.
El papel del poder coercitivo tiene necesariamente que mantenerse en un rol subsidiario ya que el poder coercitivo es el poder de la fuerza física humana, y a menos que se le enseñe a las personas a reprimirse físicamente a si mismas cuando tengan algún comportamiento contrario a los intereses dominantes (lo cual es ridículo). Siempre es necesario tener un nivel de consentimiento superior al de disentimiento, para poder así disponer de las fuerzas que les permitan reprimir a la minoría que se aún se resista a ser dominada. De lo contrario incurrirían en un déficit del control social que terminaría rápidamente con el colapso de ese sistema social.
Es importante también comprender que cuando hablamos de poder como disponibilidad de fuerza física para aplicar a la coerción no nos referimos exclusivamente al poder estatal. Acá es donde disiento con Weber, ya que el sociólogo aplica la definición de “ente que ejerce el monopolio legitimo de la violencia” a la figura del estado, mientras que yo voy a aplicar esa misma definición a la figura de poder, pero siendo el poder un concepto que trasciende al estado mismo. El concepto de poder que utilizo es un ente hipotético y dinámico, que representa la hipotética voluntad orientada hacia el “arquetipo” del individuo dominado. El concepto de poder se aplica, no a ningún ente que pueda existir realmente, sino a la voluntad hipotética que es en la que convergen todas las voluntades que ejercen su dominio sobre las masas, algo así como la voluntad colectiva de la clase dominante.
El poder entonces trasciende tanto a sus formas políticas como económicas y se basa siempre en primer lugar en el dominio, pero con la garantía de la violencia presente para quien disienta. Así es que detrás de cada relación social se encuentra el garrote del poder amenazando a cualquiera que lo cuestione. Así es que toda relación de poder o dominación se cimienta en la posibilidad de ejercer la violencia por parte del favorecido en dicha relación.
El poder como ente trascendente es entonces totalitario y toda la sociedad se encuentra a su servicio, incluyendo a aquellos individuos de la clase dominante de cuyas voluntades emerge esta voluntad superadora. Así es que los individuos de mayor poder adquisitivo no se salvan de ser tan compulsivamente consumistas como los individuos de clase media y baja, el monstruo creado es tan fuerte que devora incluso a sus mismos creadores.
Este poder se basa en la amenaza constante de la violencia física que brilla sobre cada relación social y que aunque no lo aparente se impone sobre cada comportamiento activo o pasivo de los seres humanos. La libertad parece existir por derecho propio en todos aquellos ámbitos de la vida humana que el poder supuestamente no alcanza, pero la realidad es que si existe esa libertad no es mas que como una licencia de un otorgada por este poder que trasciende todos nuestros comportamientos y que fácilmente podría suprimir la poca libertad que nos quede.
Esta amenaza constante de la violencia física resulta más evidente cuando hablamos de poder político, pero aunque se quiera ver en el ámbito económico un poder de diferente carácter, no violento. Aunque se desee imaginar que el poder economico se basa en algo diferente a la amenaza de violencia presente en el ámbito político. Aunque se quiera pensar que en la economía pueden darse relaciones de poder basadas, no en imposiciones de fuerza sino en la posesión de propiedades ¿no es, al fin y al cabo, la posesión de propiedades una imposición de fuerza? ¿No es el derecho a la propiedad una ley positiva, cuya violación se previene mediante una amenaza de violencia?
Es la violencia implícita en la norma la que da valor a la misma y establece las reglas del juego económico. Así es que el poder económico no es una forma diferente de poder que la violencia sino que es más bien una delegación que el poder de la violencia realiza políticamente a travez del sistema jurídico. El sistema económico es una manifestación del poder diferente que el poder político, pero al fin y al cabo es una manifestación del mismo poder y de la misma violencia presente detrás de cada relación social. El poder adquiere una faz mucho más abiertamente perversa cuando se manifiesta en el ámbito de lo económico, mostrándose mucho mas abiertamente interesada. Constituyendo en este juego de poder, la propiedad el criterio decisivo del poder mismo. Y el dinero, que es su símbolo, actúa como un cupón dando fe de la potestad que tiene su portador de beneficiarse del ejercicio de esa violencia.
Concluyendo:
Una persona solo es más fuerte que otra en la medida en que consigue poner bajo su dominio las fuerzas y voluntades de otras personas. Y solo es poderosa en la medida en que su voluntad y su fuerza se encuentran alineadas (sea dirigiendo o siendo dirigida) con la voluntad dominante en esa sociedad y la fuerza colectiva de que esa voluntad dispone a travez de la dominación establecida sobre las masas. Es por esto que, si el criterio de legitimidad de un poder es su consentimiento en la sociedad en que ocurre, todo poder es inevitablemente legitimo.

1 comentarios:

Anónimo

la preguntas es que si todo poder es legitimo no ese poco de cosas que no dicen nada

Publicar un comentario

 
Nada en especial... ◄Design by Pocket, BlogBulk Blogger Templates