lunes, 16 de noviembre de 2009

lunes, 16 de noviembre de 2009 1
Bueno, pues hablando con otra persona, el Diablo le dijo que, aunque hiciese el bien a la gente, él tenía una pésima reputación.

- Pues no sé, no sé - le dijo el otro.

- Muy bien - repuso el Diablo -. Te lo demostraré.

El Diablo se presentó ante Dios y le dijo que pusiera una gran piedra en el sendero, que él pondría una bolsa de dinero. Entonces verían quién se llevaba el mérito. Así lo hicieron, y al poco pasó alguien por allí y tropezó con la piedra.

- ¡Maldito sea el Diablo, que puso esta piedra aquí para que tropezara! - vociferó el caminante.

Pasó después otra persona, y vio el dinero. Lo cogió y dijo:

- ¡Alabado sea Dios! Le doy gracias por haber encontrado este dinero.

El Diablo le dijo entonces a su amigo:

- Tú mismo lo has visto. Fui yo quien puso el dinero, pero el hombre da las gracias a Dios. Y el que tropezó con la piedra me maldice. Dios se lleva las alabanzas, y yo las maldiciones. ¿No te dije que no hay justicia en el mundo?

En "Las mil caras del Diablo. Cuentos, leyendas y tradiciones" de José Manuel de Prada Samper, Editorial Juventud, Barcelona, 1998, pág. 49.
 
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