martes, 20 de octubre de 2009

Mi critica de los "Derechos Humanos"

martes, 20 de octubre de 2009 0
Escribo este artículo con una intención que muchos podrán considerar perversa, sucia, sacrílega, malévola y aberrante. Desde ya les aclaro que es por eso mismo que lo escribo.
Mi intención con este artículo es hacer una crítica de los derechos humanos. Mas bien, no de los derechos humanos en sí sino de la idea que se construyó en torno de los derechos humanos como algo absolutamente irrefutable, un conjunto de valores universales validos en cualquier posición del tiempo y el espacio, incuestionables, perfectos y que legitiman a los demás países a intervenir en las sociedades que los incumplan. No es mi intención cuestionar el contenido de los tratados de derechos humanos sino cuestionar esos valores como elementos legitimadores o deslegitimadores de un régimen político y social.
Debemos tener muy en claro que los derechos humanos son una declaración de valores muy respetables, pero valores, no derechos. Valores que deben fomentarse y estimularse para que de a poco vayan transformándose en derechos y esos derechos puedan extenderse a todos los humanos.
Me parece que el contenido es positivo pero el modo en que son enunciados es el problema. Declaración Universal de los Derechos Humanos… da a entender una serie de afirmaciones que no son realmente ciertas. Da a entender que hay derechos que todos los humanos tenemos universalmente por el solo hecho de ser humanos. Es una aspiración noble, para el futuro, pero no es real en la actualidad eso…
Los derechos para ser tales no alcanza con declararlos. Los derechos no son derechos hasta que no se establecen positivamente. Y no son universales hasta que no se establecen en todas las sociedades del mundo. Y es ahí donde debemos prestar atención para dilucidar las consecuencias nefastas que la idea de una “declaración universal de derechos” puede llegar a provocar.
El acto de simplemente enunciar los derechos como un reconocimiento universal, conlleva la idea de que los derechos pueden estar instalados en una persona de modo innato, por su condición de humana incluso desde antes de poder realizarse positivamente.
Declarar los derechos como algo ya existente, aún cuando esa “declaración” no tenga efectividad en el mundo (y en muchos países ni siquiera exista acuerdo al respecto), pone a quienes “reconocen” esos derechos en el papel de divinos defensores de los “derechos naturales” y los lleva a iniciar una especie de guerra santa en la que la intolerancia es la protagonista.
Declarar los derechos ante el mundo, implica reconocer la existencia de los mismos con independencia de su existencia positiva. Es asumir como naturales, auténticos, objetivos y perfectos una serie de valores que como todos los valores son relativos. Y asumir como cierto un sistema de valores implica a su vez considerar equivocados a quienes no comparten ese mismo sistema.
Considerarse portador de la verdad elimina la posibilidad de acuerdo, ya que cualquier punto intermedio es una falta a la verdad y la única salida incondicional para aquellos que nieguen esa verdad, es el cambio de criterio. Quienes no estén completamente de acuerdo con la nueva religión tienen dos alternativas, ceder o perecer. No hay progreso ni evolución posible cuando la utopía es el único resultado aceptable.
Si no tenemos cuidado con el modo en que utilizamos los derechos humanos, los mismos pueden transformarse en una herramienta de dominación y opresión y a la comunidad internacional en una dictadura de pensamiento único.
Y esto es especialmente alarmante si tenemos en cuenta que bajo el sagrado estatus de derechos humanos se esconden algunos valores liberales más que cuestionables y que son especialmente polémicos especialmente teniendo en cuenta el momento en que fueron creados y los autores. No hace falta mencionar que el derecho de propiedad es el ejemplo por excelencia. No tiene nada de inocente declarar a la propiedad como un derecho natural humano, sobre todo teniendo en cuenta el origen de esa iniciativa y el hecho de que cuando se crearon esos derechos el mundo se encontraba dividido en dos sistemas económicos confrontados cuya principal diferencia consistía precisamente en la concepción que tenía cada uno de la propiedad privada.

El contenido de los derechos humanos es, desde mi sistema de valores, muy bueno. Pero para que esos valores nos conduzcan a un mundo mejor, no podemos aferrarnos a ellos como dogmas, perder la tolerancia y considerarlos como criterio de legitimidad en base a los cuales decidir cuando podemos y cuando no, intervenir en los países que no se adhieran al mismo sistema de valores y a los mismos derechos.
Me gustaría utilizar un caso hipotético para ejemplificar un modo en que los derechos humanos pueden perfectamente volverse una herramienta de opresión contra los mismos humanos.
Supongamos una isla de 100 habitantes que consigue cumplir con las condiciones y el reconocimiento internacional para considerarse una nación independiente. Llamemos a esta sociedad imaginaría “Islopolis” (es tonto, pero no se me ocurrió otra cosa).
En ella los habitantes deciden un vivir bajo un régimen en el cual la propiedad privada no existe y todas las propiedades son compartidas, aferrarse a los bienes es considerado un crimen y penado con un mes de cárcel.
En la isla existen funcionarios especializados encargados de repartir los alimentos, medicamentos y viviendas. Todo, incluidos los bienes de lujo son repartidos para su uso. Pero resulta que, como con toda norma siempre existe el que la infringe. Dos personas, que eligieron vivir voluntariamente en Islopolis y aceptar las normas que la sociedad eligió para si misma, decidieron aferrarse a algo y cuando fueron, como corresponde, condenadas a cumplir su sentencia, decidieron hacer un reclamo ante un organismo internacional.
La reacción es inmediata, criticas a nivel global acerca de la situación de derechos humanos en Islopolis. Los dos individuos, criminales ante su sociedad que violaron una norma, aunque la misma era legitima, producto de la soberanía popular, del pueblo eligiendo sus propias normas, son vistos como una minoría sojuzgada, victimas de la persecución política por rebelarse contra un régimen que sistemáticamente viola el sagrado derecho humano a la propiedad privada.
Finalmente alguna potencia auto declarada protectora de los derechos humanos decide bloquear económicamente para luego intervenir militarmente Islopolis e instalar un gobierno “legitimo” que instale los derechos humanos y así salvar a la población oprimida por las normas que ellos mismos consintieron, aplicándole una serie de normas y valores que ellos no comparten y que destruyan completamente la forma de vida a la que los habitantes de Islopolis estaban acostumbrados.
La guerra se lleva a 20, 5 son ejecutados, 5 terminan en Guantánamo, y 22 mueren por las enfermedades y la miseria producto de la guerra y el bloqueo económico. En la isla quedan 50 personas, solo 4 aprueban el nuevo sistema, dos de los cuales son funcionarios instalados por las potencias extranjeras para garantizar los derechos humanos y los otros dos son la minoría sojuzgada que ahora dirige el país bajo un montón de valores que nadie en el pueblo comparte, una verdadera dictadura de los “derechos humanos”, la soberanía popular ya no existe y el pueblo tiene bloqueadas las vías para recuperar nuevamente las normas que ellos eligieron originalmente para vivir sus vidas. Ahora son un “pueblo libre de opresión”

De ningún modo pretendo convencerlos de que todo esto realmente le ocurrió a un pobre país (le ocurrió a varios) ni intento convencerlos de que el contenido de los pactos de derechos humanos sea perverso o peligroso. Lo perverso o peligroso es el modo en que los derechos humanos se conciben como criterio de legitimidad de los sistemas sociales y por ende, criterio de legitimidad de las intervenciones en esas sociedades. Está bien fomentar esos valores que consideramos tan importantes para el destino de la humanidad, pero una cosa es fomentar y otra es imponer. Las naciones deben llegar a los derechos humanos pero deben hacerlo voluntariamente. Entre los derechos humanos y la soberanía popular, la soberanía popular, como criterio de legitimidad de un sistema político y jurídico debe ser siempre prioritaria. Los derechos deben ser asumidos voluntariamente por las sociedades a través de sus estados (siempre que estos sean legítimos)
Pero a todo esto me hicieron algunas preguntas muy validas:
¿Qué debe hacerse frente a un genocidio? ¿Aceptarlo? ¿No intervenir? ¿Hay que dejar que las dictaduras del mundo sigan su curso y hacer la vista gorda a las injusticias y atrocidades que se cometen a diario en muchísimos países del mundo? ¿Qué debe hacerse?
Intervenir, pero solo cuando exista la seguridad de que estamos tratando con un sistema ilegitimo que oprime a las personas y obstaculiza la soberanía del pueblo imponiéndole a la sociedad normas contrarias a sus valores.
Existen formas de diferenciar cuando un sistema es legítimo y cuando no…
Una cosa es castigar los comportamientos considerados inmorales o patológicos por una sociedad (salvando casos excepcionales que existen siempre) y otra es atentar contra un porcentaje importante de la población, aún cuando el resto esté de acuerdo.

En teoría del derecho trabajamos, entre otros muchos gráficos, con dos círculos que son así:


El círculo de la izquierda es la hipótesis de derecho normal y el de la derecha es la hipótesis de derecho anormal.
Lo negro representa el nivel de conflicto y lo blanco el nivel de respeto y acatamiento.
Cuando una norma es justa para una sociedad (independientemente del contenido de esa norma), el nivel de conflicto es mínimo, la norma tiene consenso y es legitima, el sistema jurídico puede trabajar cómodo y ágilmente.
Cuando el nivel de conflicto es muy alto, es porque no hay acatamiento, porque la norma es ilegitima.
En el gráfico se muestra un nivel excesivamente alto. No hace falta que el conflicto sea tan irrealmente alto, alcanza con que supere considerablemente el nivel de conflicto normal esperable en una norma legitima y funcional...
En una situación de derecho anormal (derecho ilegitimo, injusto, erróneo o ineficaz) el nivel de conflicto con las normas es muy alto, hay rebeldía, descontento, un sistema jurídico saturado, una sociedad enferma.
Un ejemplo de hipótesis de derecho anormal es la ley del corralito en 2001, inmediatamente generó un rechazo que desestabilizó a la sociedad.
Una dictadura o un genocidio generan una situación de derecho anormal, ya que es ilegitima.
El nivel de conflicto entre el pueblo y las normas es demasiado alto como para tratarse de normas legitimas y se vuelve evidente que las muertes no son simples condenas penales de un derecho funcional a personas cuyo comportamiento excepcionalmente patológico (para lo que es el comportamiento y valores normales de esa sociedad) lo justifica, sino un exterminio de una parte importante de la población.
Si la situación es claramente ilegitima ante el resto del mundo, entonces no hay nada de ilegitimo en una intervención que tiene por finalidad devolver el gobierno al pueblo y terminar con las muertes... (Siempre que realmente se le devuelva el poder al pueblo, de lo contrario se está generando una nueva dictadura)

Por eso digo, no estoy defendiendo las dictaduras, estoy defendiendo la soberanía popular en los casos en los que las normas legitimas aceptadas por el pueblo son contrarias a los llamados "derechos humanos"... en esos caso, sería la imposición de los "derechos humanos" la que generaría una hipótesis de derecho anormal y el sistema político que mantenga esas normas sería una verdadera dictadura, ya que estaría llevándole la contra al pueblo y quitándoles la soberanía popular en nombre de un conjunto dogmático de valores que no son los que valen para ese pueblo...
Mi intención es romper con la ilusión de que los derechos humanos son universales y que son un bien incuestionable... no porque me oponga a los derechos humanos sino porque me opongo a los dogmas y soy consciente de que si transformamos a los derechos humanos en dogmas, por mas buenos que sean, pueden llegar a convertirse en herramientas de dominación y opresión como los fueron y lo son tantas grandes ideas.
¿Cuantas guerras inició EEUU en nombre de la democracia y los derechos humanos? Pereciera que ni siquiera necesitan dar una justificación a sus acciones, con mencionar los derechos humanos y la democracia ya parecen automáticamente justificados para cometer todo tipo de atrocidades contra los que los medios de comunicación consideran: "gobiernos dictatoriales" (algunos de los cuales solo son realmente castigados por oponerse a las políticas de EEUU y/o aspirar a la independencia económica)
Los derechos humanos y la democracia son fantásticos y los apoyo completamente, pero no hagamos de ellos una religión, mantengamos el pensamiento critico o nuestras buenas intenciones podrían llevarnos a ser cómplices de los más horribles crímenes.
Cuando los ideales se vuelven dogmas, las buenas intenciones pueden ser muy peligrosas.
 
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